En el deporte infantil y juvenil, la emoción del juego muchas veces se apodera de nosotros.Y lo entiendo perfectamente, porque yo también he estado ahí. He gritado desde las gradas, he querido corregir jugadas, y sí… he pecado de ser “entrenador en la casa”.Por eso escribo esto, no para señalar a nadie, sino para reflexionar
